El ensayo con el cual recibí el Premio Gómez Morín cuando tenía 19 años
La indiferencia y la comodidad son solamente dos de las fuerzas que han moldeado la característica manera de funcionar de nuestra sociedad, especialmente entre los más jóvenes. Basta alzar la mirada en nuestra comunidad o voltear a ver los medios de comunicación para encontrar la evidencia que sustenta esta afirmación, sin embargo, parece que no cesamos de justificar nuestro conformismo social con frases como “son otros tiempos”, “es el siglo veintiuno”, o bien, “las cosas ya no son como eran antes”. Pensar que la negligencia de nuestra sociedad es producto de las circunstancias que nos envuelven es una equivocación. Peor aun, pensar que esta realidad mencionada es irrelevante, poco importante y que su resolución le corresponde a “alguien más” es mediocridad, y al mismo tiempo, una prueba más de nuestra actitud conformista que únicamente aporta lo mínimo indispensable. ¿Acaso los grandes líderes se han quedado en el siglo anterior? ¿Acaso la existencia de ciudadanos ejemplares es solamente una metáfora? No solo nos hemos engañado, sino que hemos traicionado nuestros propios ideales como humanidad, cierto, sin embargo, el liderazgo ciudadano es mucho más que una metáfora o que un concepto abstracto. ¡Los ciudadanos ejemplares sí existen!; respiran, comen, duermen y viven, y seguramente se han cruzado en nuestro camino: el joven que defiende la dignidad de sus compañeros en medio del bullying, el estudiante que busca fomentar un cambio a través de grupos estudiantiles en su universidad, el adolescente que organiza la plantación de árboles en su comunidad o escuela. Quizá de inmediato acudimos a preguntas como, “pero, entonces, ¿qué es lo que los hace diferentes?”, o bien, “¿qué “circunstancias” le permitieron convertirse en un agente de cambio?”. La verdad es que la respuesta a estas preguntas se ha contestado una y otra vez, generación tras generación, con la inmortal frase “los líderes no nacen; se hacen”. Ciertamente esta afirmación es un tanto filosófica, poco práctica, y sin lugar a duda, obsoleta si no se encuentra en el contexto adecuado. Si los líderes se hacen, ¿quién los hace?, ¿dónde se fabrican?, y ¿cuáles son los materiales requeridos? Es justamente en estas últimas preguntas en donde nace el objetivo de este ensayo. La formación de ciudadanos ejemplares es tarea compartida de las familias y los individuos, promoviendo en conjunto la lucha contra la indiferencia y la comodidad.
¡Los ciudadanos ejemplares sí existen!
La mención de la familia como la primera en la lista de responsables en la formación de ciudadanos ejemplares no es obra del azar, es obra del sentido común. Independientemente de las circunstancias que rodean el nacimiento de un niño, todo recién nacido nace dentro de un núcleo familiar: llámense padres, abuelos, tíos, o tutores. Y es en este núcleo familiar en donde los líderes ciudadanos comienzan a “hacerse”, o bien, donde habrían de comenzar a hacerse. El gran error de cualquier cabeza de familia es pensar que la formación de su hijo le corresponde a los maestros de la escuela, al fin y al cabo para eso existen las instituciones ¿no? No. De acuerdo a Lareau (2000), observar las realidades de la familia y de la escuela de manera aislada en términos de su educación es un grave error. ¿Y cómo no ha de serlo? Es en la familia en donde nos desarrollamos a un lado de nuestros hermanos, donde nos caemos dando nuestros primeros pasos, y donde aprendemos a expresarnos a ejemplo de aquellos con quienes pasamos gran parte de nuestro día. Conscientes de la gran influencia que la familia tiene en la formación de ciudadanos ejemplares, es importante tomar en cuenta que existen algunas actitudes que habría de priorizar todo padre de familia.
La primera actitud que se debe tener en una familia es la apertura a la comunicación como fuerza contraria a la indiferencia. Cada vez más es común ver a niños y adolescentes sumergidos en su propia realidad individualista a causa de sus intereses personales. La mensajería instantánea en teléfonos móviles, la navegación en internet y la evasión en forma de las excesivas horas de sueño son solo algunas de las actividades que cada vez más forman parte de nuestra realidad. ¡Qué importante es desconectarse de la individualidad para convivir! La comunicación entre padres de familia y sus hijos es fundamental a la hora de fomentar un sentido de consideración por los intereses ajenos, un primer paso para sensibilizarse a las necesidades de los demás: los logros, fracasos, experiencias y anécdotas de cada miembro de la familia. En fin, los asuntos de la familia habrían de tener un tiempo y espacio reservado para comunicarse, generalmente la hora de la comida
La segunda actitud que toda cabeza de familia habría de tener tiene dos polos de un mismo espectro: la exigencia y el apoyo, ambas necesarias para afrontar la comodidad. Qué fácil es vivir aislados de la realidad que nos rodea. Basta con sentarse en un sillón o acostarse en una cama para ver las horas del reloj pasar desapercibidas. A fin de cuentas, la comodidad no es otra cosa más que eso: si nadie me dice qué hacer, no me ha de corresponder hacerlo; y si no me corresponde hacerlo, por qué habría de mover si quiera un dedo. La exigencia por parte de los padres de familia es de suma importancia. Es una actitud que frecuentemente se malinterpreta como una fuerza coactiva que corrompe los sueños de los jóvenes. Sin embargo, es la misma exigencia la que da pie a la maduración de la voluntad. Cumplir con las obligaciones, sacar buenas notas, llegar a tiempo a casa; las reglas en casa no son intencionalmente molestas de seguir, son intencionalmente costosas de cumplir para forjar la voluntad y la responsabilidad. Por otra parte, el apoyo por parte de los padres de familia juega un papel de igual importancia en el asunto de la comodidad. En el momento en el que la exigencia de los padres se convierte en un obstáculo para el desarrollo integral de su hijo, se pierde de vista el fin último de la exigencia: salir de la comodidad. Llega un momento, aunque no siempre, en el que los jóvenes al fin toman la iniciativa de hacer algo productivo, algo que beneficie su crecimiento personal, sin embargo nos encontramos con padres que en lugar de apoyar la novedosa iniciativa la reprimen. ¿De qué sirvió, entonces, la exigencia? ¿En qué momento, entonces, saldrán por completo de la comodidad? El apoyo incondicional de los padres de familia para con sus hijos tiene un valor inmensurable, ya que éste les motiva a perseverar en aquello que han iniciado.
El segundo responsable en la formación de ciudadanos ejemplares es el individuo, es decir, el ciudadano en formación. Se ha mencionado hasta ahora que la familia juega un rol muy importante en este proceso, pero inevitablemente es el individuo el único capaz de decidir y actuar a favor de su realización como un líder en su comunidad. La comunicación y el espectro de la exigencia y el apoyo son solamente herramientas que propician las condiciones necesarias para comenzar un proceso de formación que, en gran medida, depende de actitudes como la autodisciplina y el autoconocimiento. En el momento en el que el hombre busca justificarse en su negligencia, se traiciona a sí mismo. Y es que es el hombre el primer obstáculo de su propia realización cuando no dispone de las actitudes adecuadas. ¿Cuáles son las actitudes que habría de tener un ciudadano en formación? ¿Qué herramientas están a su alcance para iniciar su proceso de formación? Tomando en cuenta lo importante que es el propio empeño del individuo en la tarea de formación de ciudadanos ejemplares, es preciso señalar algunas de las actitudes que se habrían de adoptar como propias.
En el momento en el que el hombre busca justificarse en su negligencia, se traiciona a sí mismo
Una primera actitud del individuo frente a la indiferencia habría de ser la de informarse. Así de sencillo, ¡informarse! La indiferencia no es otra cosa que un producto de la ignorancia, y la ignorancia una consecuencia de la desinformación. ¿Cómo podemos sensibilizarnos ante las necesidades de nuestra sociedad si no conoces cuáles son? ¿Cómo podemos persuadirnos a crear un cambio si no conocemos aquello que requiere cambiar? El joven en búsqueda de su realización personal se topará con la inevitable tarea de informarse, y qué mejor momento en el transcurso de la historia para obtener información que en el siglo de la tecnología y la informática. Los jóvenes pasan largas horas frente a una pantalla navegando ociosamente por los confines del Internet. Qué mejor manera de informarse que a través de los medios de más fácil acceso para la juventud. No hace falta mas que entrar en un buscador web y teclear “necesidades en mi ciudad” para encontrar una lista interminable de incisos. Pero no es ese el límite de la información. Acudamos a los periódicos digitales, a las revistas, a los foros de opinión pública, a blogs, e incluso a las redes sociales, y es garantía que encontraremos un gran número de necesidades. Sólo a través de la información venceremos la indiferencia.
Otra actitud que habría de tomar un joven aspirante al liderazgo ciudadano es la de lanzarse, porque solo así se puede vencer la comodidad. “Lanzarse” es solamente una manera adornada de decir “tener iniciativa”, o bien, actuar a favor de una causa en particular. Como se ha mencionado con anterioridad, es fácil, y a veces atractivo, quedarse en casa todo el día, o peor aun, en cama todo el día. Podríamos informarnos y cultivar nuestro conocimiento, pero de nada serviría si esta información no nos llevara subsecuentemente a la acción, ¡a lanzarse! Ser un ciudadano ejemplar no consiste en tener un buen currículum o en conocer muchas cosas, sino en demostrar con acciones concretas nuestro auténtico compromiso con nuestra comunidad. La única manera de vencer la comodidad es lanzándose a lo nuevo, al terreno desconocido, al campo de batalla, al campo de juego llamado la vida real. No se puede vivir solo “sabiendo”, ¡hay que vivir saliendo! A las calles, a las instituciones, a los grupos cívicos y políticos que existen en nuestra comunidad.
Concluyendo, vivimos en un siglo en donde “las cosas no son como antes”, o al menos, en donde ésta es la justificación por excelencia para toda omisión social, o bien, para toda actitud negligente. Cada vez más nos vemos sumergidos en los círculos viciosos de la indiferencia y la comodidad, encerrándonos a nosotros mismos en una cultura que se conforma con aportar lo mínimo indispensable. Hacen falta personas que hagan el cambio. Hacen falta signos de contradicción. Hacen falta jóvenes valientes capaces de llevar a cabo la tarea más difícil de la humanidad: ser ejemplo para otros en el cumplimiento de las obligaciones, en la participación activa, y en el servicio a favor de los demás ciudadanos y de la conservación de los recursos naturales. ¿Y dónde están todos ellos? Los ciudadanos ejemplares sí existen, y lo que los hace diferentes en gran medida depende del papel que juega la familia y el individuo en su realización. En conjunto, son estos dos responsables los que tienen en sus manos el futuro de nuestra sociedad, ya que solamente ellos, al adoptar las actitudes adecuadas, pueden impulsar el florecimiento de nuevos líderes para la sociedad: ciudadanos ejemplares.
Bibliografía
Lareau, A. (2000). Home advantage: social class and parental intervention in elementary education. (2nd ed.). Lanham, Md.: Rowman & Littlefield Publishers.