El verdadero problema con el vaping en los más jóvenes

Imagínate que llegas a un parque de diversiones con montañas rusas, atracciones y juegos de destreza. Existen muchísimas opciones con las cuales te puedas divertir, sin embargo, acaban de abrir una montaña rusa nueva. Esta montaña rusa es increíble, tiene una velocidad récord y en cada loop produce humo en forma de aros, pero existe una única desventaja: nunca se ha probado. Así es, están permitiendo subir a personas a esta atracción, aunque dándoles un aviso sobre los posibles riesgos antes de subirse: puede ocasionar lesiones, mareos, quemaduras, y hay una remota posibilidad de que puedas morir si te subes. No hay regulación, no hay garantías, pero eso sí, es muy divertido. ¿Te subirías?
Si tu respuesta es que sí, padeces del problema del que voy a hablar en este espacio. Si tu respuesta es que no, entonces espero que la analogía te ayude a profundizar en este tema.
Antes de continuar este tema, quisiera dejar claro que no voy a hablar del cigarro electrónico como un peligro para el adulto común y corriente (aunque lo sea en mayor o menor medida), sino como un peligro para menores de edad.
Cuando a una persona que fuma se le pregunta sus motivos, generalmente da alguna de estas tres respuestas:
- Porque es divertido y lo disfrutan
- Porque les ayuda a calmarse y concentrarse
- Porque les gusta o no lo piensan demasiado
Y me atrevería a decir que cualquier de estas razones es completamente válida, permisible, aceptable y francamente irrelevante, siempre y cuando sean adultos los que estén tomando esta decisión. Después de todo, si eres un adulto, tú ves por ti mismo y respondes por las consecuencias de tus acciones. Tratar de convencer a un adulto de dejar el hábito de fumar es una batalla que no se puede ganar.
Pero, ¿qué pasa cuando esta persona que fuma no tiene la madurez para tomar decisiones? ¿qué pasa cuando esta personas es un adolescente, o peor aun, un niño?
La primera vez que vi un anuncio que promovía cigarros electrónicos de sabores de manera atractiva, recuerdo que se generó una conversación muy controvertida. Los cigarros electrónicos eran presentados como un gadget, un producto de consumo colorido y a la moda. Independientemente de los niveles de nicotina que tuvieran en comparación con los cigarros tradicionales, se había pasado de exigir etiquetas explíticas e ilustrativas sobre los efectos del cigarro, a una presentación aparentemente inofensiva dirigida a un público joven que busca estar a la moda (y que en muchos casos no fumaba ni había considerado fumar antes de ver el anuncio).
Cuando hablamos de tabaco (sustancia que la mayoría de los e-cigs no contienen), la Ley General para el Control del Tabaco establece que se prohíbe “el comercio, distribución, donación, regalo, venta y suministro de productos del tabaco a menores de edad” y los comercios que lo distribuyen al público en general están obligados a “mantener un anuncio situado al interior del establecimiento con las leyendas sobre la prohibición de comercio, venta, distribución o suministro a menores”. Y tiene sentido, creo que cualquier persona sensata estaría de acuerdo en proteger a los niños y adolescentes de cualquier tipo de sustancias adictivas. Pero, ¿qué pasa cuando los distribuidores operan en el mercado informal mediante redes sociales o de persona en persona? ¿qué pasa cuando los cigarros no contienen tabaco sino únicamente nicotina? Parece que hay áreas grises muy pronunciadas dentro de la ley, y por lo mismo, la responsabilidad de proteger a los más jóvenes es una responsabilidad compartida.
Seamos muy sinceros, el problema del cigarro en menores de edad no es nuevo. Incluso, hubo un tiempo en donde era normal ver a un niño entrar a los abarrotes de su localidad y pedir unos cigarros. Bajo esta óptica, algunos podrían argumentar erróneamente que es mejor que los niños a tan temprana edad fumen vapes (bajo el supuesto de que sus efectos son menos dañinos) a que fumen cigarros.
Pero además de que el trend del vaping está introduciendo a muchos jóvenes por primera vez a la nicotina (la alternativa del cigarro no estaba sobre la mesa), lo que este argumento no logra es dimensionar los verdaderos problemas detrás del vaping en menores de edad. Aquí trato de exponer algunos de los principales:
Problema 1. Falta de madurez
En mi propia experiencia, cuando le preguntas a un niño o adolescente por qué vapea, la respuesta es una combinación de mentiras, ignorancia e idiotez. Es decir, o no quieren decir por qué, o no entienden por qué lo estoy preguntando, o conocen las consecuencias y de todas formas lo hacen.
Pero en el fondo, aunque no lo puedan expresar, hay dos motivos principales que son fáciles de identificar: presión social o curiosidad. Estamos permitiendo que niños y adolescentes tomen la decisión por su propia cuenta de decidir qué sustancias quieren introducir en su cuerpo en una edad en donde aun están en desarrollo y en la que francamente no saben tomar decisiones.
La irresponsabilidad por parte de los distribuidores de e-cigs y de las autoridades correspondientes es enorme en este campo, porque no se han propuesto políticas públicas que verdaderamente resuelvan el problema.
Problema 2. Falta de información
Empezando por los papás, tenemos muy poca información sobre los efectos del vape en los más jóvenes porque son productos novedosos. Piénsalo: ¿cuáles son los efectos que tiene el cigarro electrónico en una persona que ha fumado por 20 años desde los 10 años? No sabemos, porque no han pasado aun tantos años desde su concepción. Y si bien son productos que muy evidentemente contienen nicotina, muchas veces los papás son quienes compran a sus hijos estos productos sin saber que no son juguetes sino sustancias.
Pero supongamos que como en muchos casos, los niños o adolescentes compran por su cuenta estos productos. ¿Realmente conocen los efectos de fumar?
Mencionemos algunas de las consecuencias de su uso o abuso (cada metabolismo es diferente):
- Adicción a la nicotina (dolores de cabeza, mal humor, depresión, insomnio)
- Alentar el desarrollo del cerebro (Afecta la memoria, concentración, aprendizaje, autocontrol, atención y estado de ánimo)
- Irritan y dañan los pulmones (aunque no contenga nicotina)
- Puede facilitar la transición al uso de cigarros de tabaco en donde los riesgos son más severos como el cáncer o la infertilidad
Y si ya conocen los efectos, ¿son capaces de ponderar su gravedad?
Problema 3. Desinformación y falso abanderamiento
Hace algunos días se registró la primera muerte a causa de vaping en México.
Miguel Lutzow Steiner, director de Salud Pública de la entidad, dijo que la Dirección de Epidemiología les había confirmado el jueves que la neumonía grave sí estaba asociada al consumo de cigarrillos electrónicos.
El Sol de México, Noviembre 2019
Es una tragedia, y sin embargo, hay un escepticismo grande rodeando esta noticia debido a la enorme ola de desinformación entorno a los vapes y sus efectos.
Todo comenzó así: se dio a conocer la primera muerte relacionada con vaping en agosto de este año en Estados Unidos, y poco a poco, comenzaron a aumentar el número de casos similares. Por un par de días, el mundo estaba en shock y cuestionó sus propios hábitos. Aunque haya sido por un par de días, la incertidumbre y el miedo llenó las mentes de quienes utilizaban el cigarro electrónico, o por lo menos, los empujó a investigar sobre la situación.
Esta ola de información llevó al CDC en Estados Unidos a prohibir la venta de cigarros electrónicos de sabores para que a los menores de edad les resultara menos atractivo su consumo. Un movimiento anti-vaping se abanderó con un estudio clínico que aun era inconcluso. Aquí un video de la campaña.
Y de pronto, salió el estudio completo que revelaba que había un alto porcentaje de pacientes que habían muerto porque sus cigarros electrónicos habían sido modificados, contenían THC o vitamina E. ¿Y cuál fue la reacción de los fabricantes, distribuidores y consumidores de los cigarros electrónicos?
El razonamiento fue algo así:
Dado que el estudio que reportó muertes a causa del vaping está inconcluso y la mayoría de los que murieron fue porque utilizaron un vape modificado, entonces el vaping es seguro. Continuemos usándolo.
Y este es el peligro de abanderar un movimiento con información falsa. Una vez que se desmiente o que se indica que la información no es del todo completa, el contra-movimiento se empodera (sin información).
Aquí hay un estudio que se actualiza semanalmente sobre los incidentes reportados al CDC. La muestra de pacientes sigue creciendo, comenzando algunos desde los 13 años, y muchos de ellos parece ser que utilizaron productos de nicotina comerciales.
Problema 4. Normalización
Y llegamos al último y quizá más grave de los problemas. Al reunir todas las anteriores: la falta de madurez, la falta de información, la desinformación y la falta de regulación, estamos normalizando el vaping en los menores de edad como si fuera algo trendy e inofensivo.
Regresemos al ejercicio de la montaña rusa al inicio de este escrito, e imaginemos que la opción de subirse a la montaña rusa se le esté ofreciendo a un menor de edad. ¿En cuál de las siguientes circunstancias crees tú que sería más probable que el niño o adolescente decida subirse a la montaña rusa? O mejor, ¿cuál escenario se te haría el más responsable?
Escenario 1. No hay regulación por lo que no hay restricciones de edad, no hay información suficiente mas que efectos potenciales y la evidencia apunta a que nadie ha muerto en la montaña rusa, los papás al no tener información suficiente les dan permiso de subirse, todos los demás niños se están subiendo porque son niños y no saben tomar decisiones
Escenario 2. Hay una edad mínima para subirse, aunque no se conocen los efectos se escriben claramente y se debe firmar un acuerdo de enterado antes de subirse, los papás se acercan a conocer de qué se trata y tienen información disponible, y los niños están pidiendo permiso a sus papás.
El escenario 1 es un escenario irresponsable, y es la situación en la que nos encontramos actualmente. Existen tantos incentivos para probar el cigarro electrónico que es casi inevitable para un adolescente por lo menos hacer la prueba. En este escenario hay una normalización del peligro, es una costumbre arriesgarse y “como no ha pasado nada, seguro no pasará nada”.
Y es que quizá nadie está haciendo el razonamiento más sencillo de todos. Ya conocemos los efectos del cigarro, y conocemos los efectos del cigarro electrónico al menos en el corto plazo. Y todos sabemos cómo funcionan los efectos de las sustancias en los usuarios:
- Entre más joven sea, mayores los efectos (por eso en las farmacias hay dosis específicas para cada edad y peso)
- Entre mayor sea la dosis, mayores los efectos
- Entre mayor sea la frecuencia de consumo, mayores los efectos
Entonces sería lógico pensar que si normalizamos este hábito en niños cada vez más jóvenes como algo inofensivo, pronto los efectos del vaping serían cada vez más profundos e irreversibles. Empiezan más jóvenes, en mayores cantidades y con mayor frecuencia porque es normal.
En cambio, el escenario 2 es un escenario ideal, y funciona como una sociedad debería de funcionar: busca proteger a quienes no saben decidir por ellos mismos aunque piensen que sí.
Y entonces la pregunta que resta es, ¿cómo podemos construir este segundo escenario? ¿a quién corresponde? ¿y vamos a esperar a que alguien más lo resuelva?
El vaping está quitando a nuestros más jóvenes la oportunidad de decidir responsablemente qué sustancias quieren consumir al exponerlos demasiado temprano a una serie de opciones que no saben como manejar.
Vaping is Taking