Una historia recontada

Un anciano y su hija emprendieron su camino hacia el monte para sacar agua del pozo. Dada la naturaleza del trabajo, la cantidad de agua que había que cargar y la edad del anciano, decidieron traer consigo un asno. Era sensato pensar que este mismo burro, además de cargar el agua, podría ayudar a hacer más ligero el camino.
Tras un par de minutos de iniciar la caminata, atravesaron el primer rancho que estaba de paso. Las murmuraciones recorrieron el rancho y para pronto, se contagió entre los habitantes del rancho la opinión común al verlos pasar:
Qué ineptos que van hasta el pozo con un asno y, en vez de montarlo, caminan a su lado.
Después de unos minutos de salir del pueblo, naturalmente el instinto de papá hizo al anciano preguntar a su hija: “¿No quieres montar el asno para que no sea tan pesado el camino?”, a lo cual ella accedió.
Pasando por las afueras del segundo rancho, miradas lejanas alcanzaban a percibir la escena. Algunas personas murmuraban:
Qué actitud tan patriarcal, pensar que una mujer no puede soportar el camino completo.
Naturalmente, dada la edad del anciano, se sube junto con su hija al asno y continúan su camino hacia el pozo de agua. Pasando por el tercer rancho, se escuchan voces diciendo:
Pobre animal, ¿qué clase de personas exponen a su mula a ese tipo de maltrato?
Como era de esperarse, poco antes de emprender el último tramo del viaje para subir el monte hacia el pozo de agua, para aligerar la carga del asno y viendo el cansancio de su papá, la mujer se baja. Murmuraciones cercanas circulaban diciendo:
Este es el tipo de actitudes machistas que dañan nuestra sociedad, el hombre como siempre en una posición de poder
Finalmente los dos llegan con su asno al pozo de agua. Allí llenan dos tinas pesadas de agua y se preparan para montarlas en el asno.
De pronto, el asno se opone respondiendo:
Esta actitud que supone que por la especie a la que pertenezco estoy atado a un rol social específico es la escoria de esta sociedad.
Obligados por respeto al asno a cargar sus propias tinas, y tomando en cuenta el peso considerable, el hombre y su hija cargan entre los dos una cubeta y se regresan por el camino por donde venían, dejando atrás una tina y un burro.